El desafío del amor. Es hora de confrontarse sobre la pastoral de la iglesia con las personas LGBT

Reflexiones de Gianni Geraci, co-portavoz de Los caminos del Amor” – Conferencia internacional para una pastoral con las personas homosexuales y transexuales, traducido por Carola y Carmen del grupo Ichthys (Espana)

El próximo 3 de Octubre de 2014 por iniciativa de un comité promotor que recoge exponentes del mundo cristiano plural que trabaja para construir una iglesia más inclusiva, tendrá lugar en Roma una conferencia teológica internacional donde hablar de “fe y homosexualidad” para recordarle a los obispos que participarán en el Sínodo extraordinario que tendrá lugar entre el 5 y el 19 de Octubre, que el tema del anuncio de fe a los que se sienten excluidos de la Iglesia, por ser homosexuales y transexuales, es uno de los desafíos que la Iglesia está llamada a recoger en los próximos años.
Se trata de emprender un camino. Y no es por casualidad que los organizadores han querido hacer referencia a esta idea con las primeras palabras que aparecen en el título de la conferencia: «Los caminos del Amor». Se tratará de trazar unos recorridos concretos para indicarles a las comunidades eclesiales y a las personas homosexuales por dónde encontrarse, y para descubrir juntos el sentido que el anuncio del Evangelio puede tener para emprender un camino común.

Las personas homosexuales están llamadas a vivir a fondo la vocación de Abraham: como él tienen que enfrentarse a un paisaje que no reconocen, con un camino que no saben a dónde las podrá llevar, con el desafio de transformar su homosexualidad en una ocasión de santidad sin tener delante de sí a patrones concretos a quien hacer referencia. Como Abraham oirán a las viejas amistades decir: «Pero quién te manda meterte allí? Víve tu vida y deja esas absurdas pretenciones. No te metas por caminos que no sabes dónde terminan».

Pero también como Abraham oirán resonar en sus corazones la promesa de Dios: una promesa absurda, si se evalúa con la lógica humana («De tí haré una gran nación» dice de hecho a Abraham que, con setenta y cinco años, aún no ha tenido descendencia por la esterilidad de su mujer); una promesa exigente («Vete de tu país, de tu patria y de la casa de tu padre»); una promesa que, más allá de la bendición («Te bendeciré») no garantiza nada («Vé hacia el país que te indicaré»). No un destino preciso, sino una meta indefinida que el Señor promete indicar a lo largo del camino; pero, al fin y al cabo, la promesa de Dios.

También las iglesias están llamadas a hacer la misma elección, para intentar entender, con las personas homosexuales, cuáles son los caminos que pueden llevar al encuentro entre su vida y el anuncio evangélico.
También en su caso se trata: de abandonar los prejuicios de hace tiempo («La homosexualidad es un vicio! La homosexualidad es una enfermedad!»); de superar los tópicos que circulan («Las personas homosexuales no son capaces de construir relaciones de pareja estables y fieles»); de dejar a un lado toda actitud de sospecha y de miedo, para preguntarse, junto con las personas homosexuales y transexuales «Cuáles son los caminos a través de los que Dios os llama a vivir en plenitud vuestra diversidad en su amor?».

Un desafío inédito bajo muchos aspectos, pero justamente por eso, un desafío que la Iglesia tiene que recoger si quiere seguir siendo capaz de decir palabras de esperanza para todos y, entonces, también para las peronas homosexuales y transexuales que llevan esperándolas tanto tiempo.

Annunci