Antonietta Potente: “Desde el exilio a la inclusión, desde la espera a la participación: … y nos quedaremos voluntariamente en el exilio”

Intervención de la teóloga y hermana dominica Antonietta Potente* en la Conferencia internacional “Los caminos del Amor”, para una pastoral con las personas homosexuales y transexuales (Roma, Italia, 3 de Octubre de 2014), traducido del italiano por Carola y Carmen del grupo Ichthys (Espana)
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Releamos la larga historia de exclusión; recojamos las narraciones individuales de quien ha atravesado con sus sueños los muros culturales y religiosos construidos por el imaginario colectivo sobre el género. Hoy, sin embargo, participamos en un camino de rescate y dignidad, pero no obstante todo, continuaremos recorriendo los caminos del exilio, si esto significa parresía evangélica y vida según el Espíritu, en el ámbito político-social donde se juega nuestra fe.
Quisiera empezar dando algunos flashes que más que ser luces que brillen a nuestros ojos, quisiera fueran de verdad sonidos fuertes para nuestros oídos, o bien inquietudes apremiantes para nuestra reflexión y para nuestras conciencias. De hecho, todas y todos sabemos que hay palabras que no solo emiten sonidos, sino que permiten la visión de algo totalmente nuevo; palabras que despiertan la vista y hechos que despiertan la audición.
Además, debiendo elegir un lenguaje para comunicar algo que de verdad me importa y llevo en el corazón, elijo el lenguaje místico-poético, el que cada uno conoce, porque no pertenece a los sabios, a los dogmáticos, a los letrados, sino al alma-animus y a la esencia de la naturaleza.
En caso que alguien lo encuentre difícil o piense que no sirva para nada, que no se vaya sino, ascéticamente, se quede y luego se tome un poco de tiempo para reflexionar. Él o ella, descubrirá que aquel lenguaje que a primera vista parece difícil, es en realidad familiar. Pero lo mismo hagan también los que piensan pillarlo todo al vuelo: permanezcan en silencio.

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Puerta de entrada

Empiezo entonces e intento hacer brillar y resonar estos flashes. Estos sonidos y estas imágenes simbólicos, no los inventé yo sino que los tomé de una antigua tradición que forma también parte de la tradición cristiana y, pienso yo, no cristiana sino  simplemente humana.
Son extraídas del texto profético de la historia del profeta Ezequiel. El texto escrito al que hago referencia, sin leerlo todo es: Ez 12, 1-12. Sólo recojo algunos elementos de esta dulcísima y a la vez laboriosa composición místico-poética que relata la experiencia del profeta.
La palabra de Iahveh me fue dirigida en estos términos: hijo del hombre, tú vives en medio de una casa de rebeldes: tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa de rebeldes…Ahora, pues, hijo del hombre, prepárate un equipaje de deportado y sal deportado en pleno día, ante sus propios ojos… Saldrás del lugar en que te encuentras hacia otro lugar, ante sus ojos. Acaso vean que son una casa de rebeldes. Arreglarás tu equipaje como un equipaje de deportado, de día, ante sus ojos. Y saldrás por la tarde, ante sus ojos, como salen los deportados.
Haz a vista de ellos un agujero en la pared, por donde saldrás. Ante sus ojos, cargarás con tu equipaje a la espalda y saldrás en la oscuridad; te cubrirás el rostro para no ver la tierra, porque yo he hecho de ti un símbolo para la casa de Israel.
Yo hice como se me había ordenado; preparé de día mi equipaje, como un equipaje de deportado, y por la tarde hice un agujero en la pared con la mano. Y salí en la oscuridad, cargando con el equipaje a mis espaldas, ante sus ojos.
Por la mañana la palabra de Iahveh me fue dirigida en estos términos: Hijo del hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, esta casa de rebeldes: «Qué es lo que haces»? …Diles: Yo soy un símbolo para vosotros… Ahora intentaré retraducir lo que significa para mí esta narración, pero dejemos por un instante, allí, estas palabras o flashes.
A lo largo de toda la historia, parece que haya un movimiento como el del mar que podemos observar cuando estamos en la orilla. Un movimiento de ir y venir; la historia de hecho está llena de intentos, de búsqueda, de proyectos realizados y de otros que no.
Creo que en este momento histórico sean muchas las personas que quisieran decir que sus historias han pasado de la exclusión a la inclusión; otras que quisieran contarnos cómo lo consiguieron, cuántos mártires han tenido en estos recorridos; cuántos hijos e hijas desaparecidos, cuántas casas abandonadas, cuántos desiertos atravesados. Asimismo cuántas “ocupaciones” de plazas; cuántas marchas, cuántos cortes de calles, huelgas de hambre, etc. etc.
Esos procesos parecerían concluidos hoy en día, sin embargo no lo están, porqué todavía hay olas que traspasan la orilla, como si tuvieran que recordarnos que todavía hay que “atreverse”.
La exclusión es de hecho como una sombra que amenaza la posibilidad de una vida juntos; junto con otras y otros, junto con sus propios pueblos y con pueblos distintos; junto con el ambiente; junto con nosotros mismos, con nuestra conciencia y responsabilidad, dos aspectos no vendibles, porque no chantajeables.
Aún son demasiadas las personas, los grupos humanos, las realidades sociales, que continúan padeciendo procesos de exclusión, y es que la exclusión genera cada vez más ausentes: millones y millones de mujeres y de hombres excluidos, es como si no existieran más, aunque todos los días veamos sus rostros en los periódicos, en el mundo virtual de internet y en los monótonos telediarios. La exclusión sólo genera ausencia.
Todos sabemos quién está detrás de los procesos de  exclusión y las multitudes de prófugos. Los Fundamentalistas de Oriente y de Occidente; los grupos de la Finanza Mundial; los Países que gestionan la ONU; las mafias que controlan cada tipo de ilegalidad; las que están detrás de las grandes Casas Farmacéuticas que a su vez controlan virus, bacterias y por consiguiente a las vacunas.
Por no hablar de nuestros pequeños grandes lobby políticos que son el ejemplo más claro de lo que significa pensar y actuar para mantener a la mayoría de las personas excluidas de la participación, o los religiosos que, no obstante hoy pongan en primera línea al Obispo de Roma Francisco, están siempre alertas para no perder sus absurdos poderes y, a fin de cuentas, no permiten grandes transformaciones.
Ahora, alguien me dirá que he sido invitada para dar una contribución teológica, pero pido perdón, esta es mi teología; la teología de la anamnesis, de la memoria, del recuerdo y, mientras levanto el velo de las cosas, me sorprendo de lo que he observado, infinitamente más de lo que consiga decir, como escribía Virginia Woolf.
Porque si se quieren hacer unas peticiones, si se quiere llegar a ser protagonistas, nunca hay que alcanzar los espacios del reconocimiento solos. Siempre hay que llegar con alguien: esta es la teología cristiana.
El lugar de la Epifanía divina es la historia, no obstante estos dolorosísimos partos. A Dios nadie lo vio nunca (Cfr. Juan 1,18) es Indecible, Invisible e Inviolable y justamente porque es Dios es Indecible, Invisible e Inviolable, entonces quien haga teología y quien sea creyente siempre tiene el deber de recordar que esta Innombrabilidad, Invisibilidad e Inviolabilidad, pertenece a toda la humanidad y a todo el universo.
Las guerras, la pobreza programada de propósito y todo lo que está finalizado a excluir, crea millones y millones de innombrables, invisibles e inviolables y por eso tengo que hablar de ellos; debo recordarles de día y de noche; debo crecer y educar a mis hijos e hijas, para que cuando crezcan sepan que no podrán dejar atrás a nadie, de lo contrario serán cómplices de esta historia de exclusión.
Es un poco como el antiguo imperativo bíblico: te acordarás, lo repetirás cuando estés sentado en tu casa, cuando te acuestes, cuando te levantes; lo escribirás por doquier, delante de los ojos, lo repetirás a tus hijos machos y hembras, lo recordarás a tus animales, en tus campos, por la calle, entre las cosas de tu casa. [Estoy parafraseando –y pido perdón- el texto de las Escrituras: Dt 6,4).
La exclusión es por lo tanto una herida demasiado grande para la historia de cada tiempo y también para la nuestra, de hoy en día. Lo sabemos nosotras las mujeres, lo sabe cada tipo de género que haya desobedecido a los paradigmas preestablecidos; lo saben los no conformistas y los apasionados del Invisible.
Entonces, la solución parece muy fácil: debemos de luchar contra cada exclusión, claro que sí, pero no es suficiente. Mientras busquemos superar cada exclusión continuaremos  recorriendo los caminos del exilio, porque esto significa parresía evangélica y vida según el Espíritu.

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Hermenéutica del texto

Y aquí viene el texto del profeta Ezequiel citado precedentemente. Hay que estar alertas; haber entrado en la ciudad como lugar o espacio oficial, de reconocimiento, no significa abandonar este nuestro modo de ser y de estar en la historia. Probablemente todos nosotros tendremos que seguir haciendo un agujero en las murallas de la ciudad, tendremos que abrir con nuestras manos un hueco, una puerta, siempre, en cada lugar.
Seguir nuestro camino con la conciencia del exilio: haz tu equipaje de deportado y, de día delante de sus ojos, prepárate para emigrar; emigrarás desde el lugar donde estás hacia otro lugar, delante de sus ojos: … Se trata de la conciencia de la insuficiencia de cada una de nuestras reivindicaciones y también de cada uno de nuestros bellos y satisfactorios éxitos.
Porque no queremos ser reconocidos y reconocidas para perpetuar unos modelos, para repetir siempre la misma historia. …. Yo hice como se me había ordenado: preparé de día mi equipaje como el equipaje de un exiliado y al atardecer hice un agujero en la muralla con las manos… Esta simbología empreñada de realidad: hice un agujero con las manos… Es el esfuerzo consciente; no sólo un esfuerzo mental, sino físico, es preferir la condición de exiliado –se preparó el equipaje-.
Pero qué significa esto para nosotros, hoy: no querer adquirir una posición de reconocimiento para replicar unos modelos. No traicionar la diferencia. Cada condición reencontrada, descubierta, reincorporada en nuestras existencias, nunca tiene que ser olvidada, no debe ser vendida, no debe ser traicionada.
No traicionéis la diferencia sexual; no traicionéis la diferencia de vuestro humano más humano; no traicionéis la diferencia de vuestra sensibilidad. No caigáis en el chantaje de los roles clásicos: hombre, mujer, padre, madre, marido, mujer, etc. Sería como recaer en el viejo sistema de la exclusión.
Los derechos de ciudadanía justamente adquiridos y otros todavía por adquirir, no nos alejan de este empeño a ser en cualquier caso escultores o escultoras de agujeros en el muro, para no quedar homologados en aquellos mismos parámetros que hemos contestado y rechazado durante años.
Probablemente nuestra posición nunca sea aceptada, más allá del derecho y de las leyes; nadie nos preguntará: qué estamos haciendo, así como aconteció para el profeta: … A la mañana se me dirigió esta palabra del Señor: «Hijo del hombre, no te ha preguntado el pueblo de Israel, esa generación de rebeldes, qué estás haciendo?… Tú dirás: Yo soy un símbolo para vosotros…”.
Esta es una condición totalmente gratuita, pertenece a la lógica del Espíritu, no entra dentro de las líneas rectas del razonamiento humano; no entra dentro de lo que comúnmente nos esperamos; esas sensibilidades bien definidas, que siempre viven el futuro como si ya fuera conocido: “de padre a hijo” (mira por dónde: no existe la expresión: de madre a hija).
Todo transcurre “en la norma”, por lo tanto, y queda “en la norma”. Qué pena que “la norma” no es la ley del Espíritu, sino la de la limitación y de las demarcaciones del humano.
El Espíritu no sabemos de dónde viene y a dónde va, describe bellamente Juan a su comunidad (Cfr. Juan 3,8-9): una especie de principio de Indeterminación.
El Espíritu desde siempre, ha roto los esquemas humanos y religiosos. A través de Jesús a penas se percibió quién era Dios, pero luego Jesús abrió otro hueco, como el profeta y “salió” y dejó el Espíritu. El Espíritu no lleva características normativas, lo contrario: las des-ordena, las remueve, las descompone.
Sólo una Teología de Jesús según el Espíritu, puede provocar otros pasos en nuestra vida de Ecclesia. No la teología de un Jesús dogmático o moralista.
Me pregunto si hoy, la cuestión del género no sea la cuestión de un nuevo principio de indeterminación, por aquello humano tan cómodo en las viejas jerarquías de la vida; tan cerrado hacia lo imprevisto y por lo tanto también hacia el Innombrable, Invisible e Inviolable. Sí porque Dios probablemente tenga un nombre, pero lo revela sólo cuando el momento es oportuno, como resuena en el impronunciable tetragrama bíblico: seré el que seré; me mostraré en cuanto me mostraré (Éxodo 3,14).
Lo que se nos pide, permanecer cómplices con el deseo humano-cósmico.
Quedarse en un ir y venir, en un trasvase continuo, yendo y viniendo, diría la filósofa española María Zambrano, para no reformar ambiguas certezas que sólo volverán a cultivar exclusión. El hueco tiene que permanecer abierto: … Tú dirás: Yo soy un símbolo para vosotros…, dice el texto; no un modelo, sino un simple símbolo. Y esto significa que vuestras elecciones deben de reenviarnos a la vida divina: la vida del Espíritu.

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Acercándome al hueco

A este punto, me permito decir algo sobre el boceto de vuestro Documento para el Sínodo. Fuera yo en vuestro lugar no le pediría muchas cosas a la comunidad Eclesial, sino que admita su tozudez y sus innumerables culpas ligadas a esta problemática. Sus abusos sobre la carne viva de las personas; su falso poder que ha bloqueado la creatividad del bien en la vida de mujeres y hombres simplemente humanos.
Así como debéis oponeros a un concepto de familia que tanto daño os hizo y vosotros, no debéis de reproducirla más. Esto lo digo como mujer, no casada por elección, pero que vive relaciones que van más allá de los lazos familiares. En efecto prefiero vivir como exiliada, que pertenecer a aquella visión de un mundo que tanta injusticia ha provocado.
A la comunidad creyente le pediría un espacio real para contribuir a la reflexión teológica. No pidáis tan sólo acompañamiento, comprensión, porque si no la Iglesia hará lo que durante siglos hizo con los pueblos considerados pobres. No permitáis y no sigáis dando importancia a estas relaciones de falsa benevolencia.
Nadie de vosotros es un “pobrecito”; cada uno en la asamblea cristiana debe entrar y hablar con parresía y esta será su autoridad, para ayudar a entender, junto con otros y otras que hacen elecciones diferentes, cómo cuidar la historia.
Vosotros no tenéis que llamar la atención, sino sólo desplazarla.
Recordad a la comunidad creyente que allá donde dos o tres se unen en su nombre, Él o Ella que sea, está en medio y que quién escucha Su Palabra y la pone en práctica se convierte en morada de Dios (Cfr. Juan 14,23-29). Son estos los principios que deberían interesarle a la Iglesia.
Me doy cuenta de que esta reflexión mía es simplemente un hueco y, además, un hueco abierto. Ahora sí: puedo salir. Os toca a vosotros ser fieles a vuestra bella diferencia.

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Antonietta Potente, teóloga. Nacida cerca del mar ligur en 1958, después de los estudios recorre el camino de la espiritualidad mendiga, al que sigue todavía llegando a ser hermana Dominica. En 1989, en Roma, consigue el doctorado en teología moral. Hasta 1993 enseñará en Roma y en Florencia, en universidades y centros de estudios teológicos.
El contacto con otras geografías, sobre todo las de América Latina y de África, debido a su trabajo teológico, la empujará a dejar Italia. Desde 1994 hasta 2012 vivirá en Bolivia; enseñando en la universidad católica de Cochabamba y en otros centros de teología de América Latina y acompañando el proceso de progresiva liberación del pueblo boliviano y de algunos grupos de mujeres en la periferia de la misma ciudad. Su teología entrará en el dialogo cotidiano con las culturas y con otras disciplinas, saliendo de los esquemas más clásicos. Actualmente colabora con algunos centros universitarios en Italia.
Su pasión místico-política la lleva a la constante búsqueda de un pensamiento y de una práctica teológica que no se separe de las realidades y sobre todo, para que la teología no llegue a ser propiedad de una pequeña élite. Ama el arte de la escritura. Entre sus numerosos escritos sólo citamos a los dos últimos [en italiano] : Un bene fragile: riflessioni sull’etica, Mondadori, 2011 e Umano più Umano, Ed. Le Piagge, 2013.

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